Cuando la materia alumbró a la autoconciencia, obsequió al ser con ideales como el yo, la identidad, la alteridad; y, con ellos, a sus relativos espacio-temporales: el aquí, lo real, lo posible…
A través de esa toma de conciencia de lo fáctico y lo posible, por esa ventana abierta a lo imponderable, se coló la libertad. Hija rebelde de la materia, busca desasirse de sus imposiciones familiares, de la pura determinación en sí, buscando formas geniales de las que enamorarse, a las que perseguir.
La filosofía hegeliana, en su viaje desde la mera materia preñada del Todo en la Idea, hasta el Estado de gracia de la eticidad, comprende, de manera única en la Historia de la Filosofía, esa dialéctica de imposición, lucha y superación.
Foto: Esclavos de Miguel Ángel. La filosofía hegeliana hecha escultura

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