Los seres humanos deberíamos caer en la cuenta de vez en cuando de que somos una minúscula presencia en el universo, macro y microscópico. Que nuestro conocimiento no es más que el espejo en el que miramos nuestras sensaciones vitales y que no podemos sustraernos a la fuerza, al orden del todo del que formamos parte.
Y si lo hacemos caemos presos de la mentira de nuestra propia conciencia, de lo que llamamos “yo”, esa caja de recuerdos, de fabulaciones, de imágenes parecidas, de retales modificados de presentes compilados. Ese yo ególatra y fantasioso se sueña dueño del mundo y evoca, en la cabeza de los muchos que formamos la humanidad, tiempos mejores en los que controlará todo, vivirá todo. Y lo vivirá siempre.

Me encanta!
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