EL VIAJERO DEL TIEMPO
Viká
recogió los dos últimos peldaños. Antes de proseguir el camino exhaló un
suspiro mezcla de desolación y satisfacción. La misión había terminado, su
pueblo estaba a salvo celebrando la llegada a una nueva vida. La miró por ¿última
vez? Se resistía a dejarla ahí, abandonada a
su suerte, flotando mortecina en la misma inmensidad que la vivaz Anul.
Centurias
atrás era Anul, fría y solitaria, la que miraba anhelante a Tares. Los ecos de
la vida en el planeta azul resonaban en el alma de su blanco satélite.
Centurias atrás, cuando el tiempo era propiedad de todos y cada uno lo
disfrutaba a su modo. Cuando la vida de cada ser era su vida y no una concesión
por la que pagar un precio muy alto. Cuando aún no había llegado la Era de K.
El
viajero no había conocido aquellos tiempos. Nacido en el año K-253, tan solo
conocía la Prexis por los relatos de su madre, heredera de la tradición Bblos.
Los Bblos custodiaban en secreto los conocimientos prexis, manteniéndolos vivos
a través de la memoria familiar durante centurias. Eran como los demás, pero en
sus corazones albergaban un brillo especial. El brillo de quien conoce el
pasado y mantiene intacta la libertad con la que abrirá las puertas del futuro.
Viká,
el viajero, supo de sus antepasados, de su relación armónica con los bosques y
los ríos, con los animales y el aire a través de la voz mágica de su madre.
Ella le transportó también a los primeros años de la era K, cuando los hombres
estaban confiados y esperanzados con el PLAN que aumentaría la vida, las
tierras, la felicidad.
En
aquellos primeros días, los gestores del PLAN formaron con los hombres el I
Kacuerdo.
“El Estado se compromete con los hombre a
otorgarles un mínimo de fichas de tiempo gratuítas por unidad de vida; esta cantidad
aumentará en proporción a la producción de cada individuo”
Las celebraciones por las bondades de un acuerdo tan justo y generoso
dejaron una huella de dos años.
Dispondrían de un bono de tiempo
gratuito para vivirlo tan solo a cambio de parte de su actividad. De su propia
vida.
Pronto los gestores
hablaron a los hombres de las riquezas alcanzadas, del progreso indefinido, del
bienestar sin límites, del lujo, de la inutilidad del ayer y la necesidad de
cambiarlo todo, siempre, ahora. Y los hombres firmaron entusiasmados el II
Kacuerdo.
“El Estado
se compromete a otorgar a los hombres fichas de tiempo siempre que logren las
tasa mínimas de producción. El excedente de producción podrá canjearse por
fichas de tiempo directamente en los despachos de tiempo”
Así, los hombres se lanzaron a una carrera
frenética en busca del tiempo que perdían día a
día. El tiempo real de cada uno se invertía en fichas de tiempo, muchos
más caras y cuyo precio variaba según mercado. Quien no podía comprar tiempo
quedaba relegado a una vida consumida en un tiempo de segunda, sin valor, sin
reconocimiento, hasta que un día desaparecían y, para cuando su vida acababa,
llevaban demasiado tiempo desaparecidos.
Cada vez fueron más
los fantasmas que habitaban Tares. Campos enteros dejaron de existir antes de
dejar de existir; ríos, especies…pero daba igual. A las puertas de la
consecución del PLAN, cuando la vida había adquirido para algunos dimensiones
antes no soñadas, cuando se podía disfrutar de todo en un nanosegundo solo con
acoplarse el nuerosensor G” …el PLAN…el PLAN engulló poco a poco a TARES
absorbiendo su vida y la de los suyos.
La amenaza del fin
de Tares era una realidad en el corazón de los Bblos. Una realidad pesada con
la que era difícil continuar en la clandestinidad. Cada vez que se cruzaban,
sus miradas intercambiaban un grito de desesperación. Ellos conocían el pasado.
Veían el presente que ya era futuro. Algunos, traicionando los principios
sagrados de la familia se negaron a reproducirse ante la perspectiva atroz del
un mundo en el que abandonaría a sus hijos. Otros, comprometidos con la
historia de su pueblo, contaban a sus vástagos la prexis, sabedores de que
ellos serían los últimos depositarios del tesoro de Bblos.
Viká soñaba con la
prexis. Era un viajero del tiempo guiado por las palabras de su madre, una
fantasma común perteneciente al séptimo linaje Bblos. Soñaba VIká con otros
mundos, antoguos, lejanos, pacíficos, tranquilos, plenos de vida y tiempo
gratuitos. Soñó Viká tiempos pretéritos hasta que empezó, sin darse cuenta, a
soñar tiempos futuros; así, mirando a Anul. Y entonces trazó el plan. El I plan
de Bblos: La escalera de propósitos, el largo viaje hasta Anul, la nueva vida.
No debía saber
nadie del plan hasta que estuviera cerca el éxodo, por lo que Viká emprendió la
construcción de la escalera de propósitos en secreto. Pensó que la escalera
debía comenzar con propósitos amplios que sirvieran de base firme al largo
camino. A los primeros peldaños fue uniendo otros más pequeños, pero robustos.
Pidió a cada integrante del clan que le enviara un deseo, y con todos ellos
construyó una larguísima escalera, invisible para los gestores y las Personas
por su escaso valor.
Los Bblos
comprendieron el plan poco antes de la partida.
Con la llegada de PAZ se consumó el plan. Al unísono, como si hubieran
sido convocados por una llamada silenciosa, los Bblos se fueron congregando en
silencio a las afueras de Tares, en el límite con el mundo oscuro. Cada ser
cargaba con su tiempo y una saca donde había amontonado sus imprescindibles.
Viká miró con seguridad a Anul, trazó mentalmente el sendero y puso ESPERANZA
en el inicio. Tras Esperanza, y seguido por los Bblos más ancianos , sacó de su
saca ILUSIÖN. Y caminando sobre los propósitos de todos, todos fueron cruzando
el abismo de la nada, dejando atrás sus despojos de fantasmas.
Viká recogió los
últimos peldaños escuchando el griterío jubiloso de la celebración. Su corazón
golpeaba intensamente sus sienes. Finalmente la vio, moribunda , brillar
adornada de mil luces, condecoraciones, fruslerías. Arrastrando la avaricia de
las Personas por el espacio infinito. La amaba tanto el viajero que a punto
estuvo de poner Fe, Paz, Vida, Amor, Verdad…hasta llegar a ella para abrazarla.
Los suyos les
esperaban. Mañana le esperaba. De momento Tares no estaba en el plan.